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“Teaching and Propagating African History and Culture to the Diaspora and Teaching Diaspora History and Culture to Africa”,
Held at the State University of Rio de Janeiro, Brazil,
10-14 th November, 2008.

La resistencia a la opresión y su impacto en la

interculturalidad
en la Nueva España.


- by Mónica Velasco Molina

Introducción

Este trabajo tiene como objetivo demostrar que dentro de las posibilidades de lucha y libertad generadas por los esclavos africanos llevados a la Nueva España , con diferentes grados y matices, el indígena estuvo presente. Esta interrelación desembocó en un mestizaje tan importante que es difícil comprender la situación actual de México sin hacer una revisión sobre la trascendencia que tuvieron las relaciones de los dos grupos demográficamente más importantes en la Nueva España : los indígenas y los africanos.

Se debe aclarar que en ningún momento se desconocen las inapreciables aportaciones de la raíz europea. Sin embargo, el propósito del presente escrito es rescatar las valiosas formas de resistencia que generaron indígenas y africanos, las cuales propiciaron que en ciertos momentos, lugares y tiempos se alcanzara una identificación que no sólo les permitió avanzar en una lucha común en contra de un sistema de imposición y dominación física y cultural, sino que además, propició el enriquecimiento de saberes, actitudes, usos y costumbres que moldearon la base primigenia del mexicano actual.

En este trabajo se entenderá por intercultualidad como el concepto que “hace hincapié en la importancia de las relaciones horizontales y sin pretensiones de dominación ni ejercicios de poder entre los pueblos”

 

Encuentros y lucha contra la dominación

El primer encuentro entre indígenas del nuevo mundo y africanos no fue de rápida identificación sino que estuvo impregnado de enfrentamientos. Los indígenas tenían razón en sentir desconfianza por estos nuevos pobladores que, en un primer momento, llegaron como excelentes auxiliares de los españoles conquistadores. Entre los casos destacados se encuentra Juan Garrido, quien participó en la conquista del centro de México, Zacatula, Baja California, Florida y Puerto Rico, siendo el primero en sembrar el trigo en el territorio de la Nueva España . Al negro ladino y conquistador, Francisco Eguía, se le adjudicó contagiar de viruela a indios que, al no poseer anticuerpos, no lograron resistir ante tal enfermedad . Por su parte, Sebastián Toral desempeñó labores de conquista en Yucatán.

Estas primeras tareas ejercidas por los negros hicieron que los indígenas americanos no percibieran en los africanos a sus aliados, por el contrario, los vieron como instrumentos del conquistador. “Los grupos negros – en diversos momentos de la conquista – sufrieron con los españoles la resistencia de los aborígenes a la penetración. En muchos momentos del contacto diario, blancos y negros, en una relación subordinada, pero aliada, usufructuaban en la misma forma tiránica y compulsiva al substrato indígena vencido” .

Los primeros negros ladinos que llegaron con los españoles poco después de la conquista, fueron sirvientes y algunos otros desempeñaron funciones de guardaespaldas, contando con el privilegio de portar armas . Sin embargo, algunos de ellos causaron daños y provocaron disturbios en las comunidades indígenas al grado de propiciar una serie de restricciones consignadas en reales cédulas de 1541, 1551, 1554, 1567, 1592, entre otras, que estipularon “que los negros no viviesen en los pueblos de los indios, ni los tuviesen a su servicio, ni contratasen negocio con ellos“ . Aunque esta protección era invocada por los abusos cometidos por algunos negros ladinos y criollos, es importante matizar que la actuación de los funcionarios de la corona también fue inspirada por razones políticas.

A partir del siglo XVI, con el desplome demográfico de las poblaciones indígenas, el conquistador español recurrió a la importación de africanos . Según Aguirre Beltrán, arribaron a la Nueva España alrededor de 120 000 africanos entre hombres, mujeres y niños quienes se desempeñaron en actividades agrícolas, ganadera, minera, en los obrajes y realizando diversas funciones dentro de la hacienda [ama de leche, cochero, partera, dama de compañía, cocinera, etc.]. Otros más se desempeñaron como pintores, arquitectos o milicianos.

Pero los esclavos africanos nunca se mostraron pasivos ante el sistema de opresión, y explotación imperante en la Nueva España. La resistencia de los cautivos tuvo diversas formas y expresiones. La combatividad estuvo presente a partir del momento mismo en que eran capturados en el continente africano. Otra consecuencia lógica de esto último fueron las fugas y el deseo de reagrupación de los mismos secuestrados con el fin de enfrentar a los europeos y a sus aliados. Fenómeno que desde el principio marcó la dinámica de la lucha por recuperar la libertad .

Siguiendo esta línea de pensamiento, la resistencia se propagó y prolongó en los barcos negreros donde los esclavos lograron organizar motines y provocaron naufragios. ”Los primeros casos que se saldaron con éxito datan de mediados del siglo XVI. Los amotinados lograron alcanzar la isla de São Tomé y Príncipe y allí organizaron sus asentamientos libres” .

Cuando las cargazones alcanzaban las tierras del continente americano, y en particular, las de la Nueva España , las aspiraciones de libertad no se extinguieron. Desde las plantaciones hasta el trabajo doméstico, la multiplicidad de ideas generadas en la lucha, de unos, por resistir y de otros, por someter, surgieron como las grandes protagonistas del combate entre señores y esclavos. De esta manera, la resistencia tuvo varias formas y diferentes niveles de impacto en la sociedad esclavista.

L as tácticas de rebeldía pasaban por diferentes métodos desde las generadas en el discurso oculto a través de manifestaciones lingüísticas, gestuales y actitudes como el trabajo a ritmo lento, los sarcasmos, pequeños robos, el boicot a las labores encomendadas por los capataces, aparentar enfermedades, la mutilación, hasta las acciones abiertas como propiciar la muerte del capataz o del amo, las fugas, los motines, sublevaciones y revueltas.

Las prácticas culturales constituyeron la mayor y más prolongada resistencia. L as cuales se expresaron a través de su religión, de la danza, del baile, de la oralidad o como la llamó Yoro Fall la oralitura y del uso de los instrumentos musicales (tambores). En todas ellas, la búsqueda por recuperar la libertad y el deseo de retomar el control de su vida, siempre fue el principal objetivo. De esta forma, la resistencia podía ser sutil e individual o abierta y colectiva. Sin embargo, en todos los casos, con distintos grados y matices el elemento indígena estuvo presente.

En lo que se refiere a las fugas de los esclavos negros, éstas comenzaron a multiplicarse durante el siglo XVIII, dando origen a la formación de comunidades de negros, conocidos como palenques , especialmente en las montañas de Veracruz: Acultzingo, Maltrata, Mazateopan, Actopan, Rincón de Negros y otros no menos importantes.

En este escenario, la relación con el indígena comenzó siendo ambigua. Por un lado, e n muchas ocasiones los negros fugitivos atacaron comunidades o asaltaban indígenas con la finalidad de obtener bienes necesarios para su manutención. Se tiene por ejemplo el caso de la jurisdicción de Cuernavaca que a dos leguas de las minas de Cuautla, entre unas quebradas y barrancas, incursionaban alrededor de unos setenta y cuatro negros cimarrones que asaltaban a los indios que iban y venían de las mencionadas minas .

Por otro, los indios fueron utilizados por los españoles para dirigir expediciones contra los esclavos fugados, pues su conocimiento del territorio era fundamental para localizar las comunidades formadas por los negros cimarrones.

Sin embargo, la vida cotidiana comenzó a plantear otras realidades. Desde “1579 se sabía que los esclavos [africanos] de las zonas rurales se huían internándose en los montes, o buscaban refugio entre los indios, y salían a asaltar caminos” . Además, las disposiciones que imponían el alejamiento de las comunidades de los negros y de los indios, sólo se cumplieron parcialmente. Se tiene el caso de las comunidades de Jalapa y Córdoba en donde se presentaron numerosos procesos de unión entre indígenas y negros . En Cadereyta, Querétaro para la segunda mitad del siglo XVII el fenómeno del mestizaje comenzó a registrarse, entre otras cosas, con los diversos matrimonios, entre “españoles, mestizos e indios con la consiguiente diversidad de mezclas que iban de los mulatos a los lobos y los moriscos” . Cuando el negro se incorporó a esta región como fuerza de trabajo también se insertó en esta dinámica de mestizaje.

Existían ciertas semejanzas que abarcaban desde el aspecto social hasta el cultural, incluyendo la dura explotación a la que estaban sujetos tantos indios como negros, lo que terminó despertando la solidaridad entre ellos. Esta situación se evidenció muy pronto. Se tiene conocimiento que sólo habían transcurrido tres años de la caída del imperio mexica, cuando las cargazones de africanos comenzaron a llegar a las costas de la Nueva España y junto con ellos, los primeros esclavos fugitivos, quienes se refugiaron en territorio zapoteca . Estos cimarrones atacaron a los viajeros que transitaban por la vía de Puebla a Veracruz y en algunas otras ocasiones también embistieron centros productivos como las plantaciones, las minas y los centros urbanos. Con el nacimiento del pueblo de León –Obispado de Michoacán-, desde su ubicación en Cañada de Negros, los cimarrones realizaron incursiones que preocuparon a las autoridades coloniales, quienes intentaron capturarlos. El resultado de la misión no fue provechoso, pues los cimarrones huyeron hacia otras partes de la República.

De estas primeras prácticas es importante rescatar la experiencia que tanto indios, en América, como negros, en África, venían desarrollando en la conformación de grupos cimarrones. Pero también es necesario resaltar que la solidaridad entre ambos grupos comenzó desde épocas muy tempranas. De hecho, desde 1537 Bartolomé de Zárate denunció ante el emperador su preocupación sobre las uniones matrimoniales entre negros y población indígena libre, con lo cual los propios negros comenzaron a declararse libres. Lo interesante de esta acusación es que demuestra que los esclavos practicaban distintas formas de resistencia, incluso utilizando los propios marcos y costumbres institucionales impuestos por el sistema gobernante.

Las relaciones interétnicas tuvieron distintas formas y alcances. Entre las respuestas más radicales estuvo la organización de varias rebeliones. En 1533 y 1537 los indios y negros se unieron en las rebeliones organizadas en la Ciudad de México, las cuales tuvieron como propósito levantarse en armas en contra del gobierno español, apoderarse de las tierras y liberar a la población esclava . El virrey Antonio de Mendoza mandó ejecutar y castigar a los líderes del movimiento. El objetivo no se consiguió, pero ambos eventos lograron explicitar las relaciones entre ambos grupos en la lucha por combatir a un opresor en común.

Para el año de 1560 , “los esclavos fugitivos de las minas del norte de Nueva España, desde Guadalajara a Zacatecas, se unieron con los nativos para atacar a los españoles. Con el mismo propósito, los cimarrones de Guanajuato se aliaron con los Chichimecas […] En 1616 se registró un violento levantamiento de indios y negros en Durango” .

Las alianzas entre indios y negros para demandar solución a problemas comunes también se reflejaron en el tumulto de 1692 en la Ciudad de México. Es cierto que se ha observado una participación fundamentalmente indígena, pero dentro de los sucesos ocurridos durante todo el proceso y en el momento mismo del evento también estuvieron involucrados mulatos y negros .

Estas insurrecciones, el rumor recurrente de la formación de complots y la solidaridad planteada por estos dos grupos nunca dejaron de preocupar al gobierno colonial, quien entendió que la fuerza de éstos superaría con creces la disponible por el virreinato. Los temores de la elite no estaban alejados de la realidad, según los datos proporcionados por Aguirre Beltrán , sólo para el año de 1570 Nueva España contaba con una población total de alrededor de 3,380,012 habitantes, de los cuales la población europea era de 6,644 lo cual representaba el 0.20% de la población total. En tanto los indígenas contaban con una población de 3,336,860 y los africanos 20,569. De esta forma, entre indígenas y africanos se constituyeron como el grupo más importante demográficamente de la Nueva España con el 99.3% de la población total. Es importante mencionar que la población euromestiza, afromestiza e indomestiza componían el 0.47%.

Para el año de 1742 la población indígena y africana integraban el 62.99% de una población de 2,477,277 habitantes, en donde la europea representó el 0.40%, mientras que la población de las castas se elevó a 36.61%. Para el año de 1810, año en que comenzó la lucha por la Independencia en la Nueva España , los europeos representaron el 0.25%; entre indígenas [60.05%] y africanos [0.16%] 60.21%, en tanto que las castas se erigieron con el 39.54%.

Estas estadísticas muestran por un lado, que a principios del siglo XVI los dos grupos demográficamente más importantes eran los indios y negros, a partir de los cuales se fincó en buena medida el profundo y extendido mestizaje en la Nueva España. Dicho mestizaje dio origen a que para principios del siglo XIX las llamadas castas ocuparan el segundo lugar como grupo más importante en el territorio, sólo por debajo de la indígena. Por otro lado, también se comprenden que de forma muy temprana se autorizaran disposiciones para restringir la movilidad y actividades de los negros, así como la prohibición de que los negros portaran armas, andar de noche en las calles, reunirse en grupo o comprar pulque .

Como se ha observado a lo largo de las líneas anteriores, las disposiciones sobrepasaron la dinámica de la realidad. La solidaridad entre los dos grupos más grandes se explicitó en la ayuda de los indígenas a los negros para penetrar y asentar las comunidades de esclavos fugitivos en un espacio no sólo desconocido sino además de difícil geografía como la Nueva España. Por consiguiente, l as alianzas entre estos dos grandes grupos se vio alentada por las necesidades de supervivencia y el deseo de alcanzar la libertad.

Las comunidades formadas por los negros fugitivos, conocidos como palenques, se establecieron en lugares inhóspitos para hacer difícil el acceso a los señores que acudían en su búsqueda, la relación con los indios fue inevitable. En muchas ocasiones, los esclavos se aproximaron a territorio ocupado por las comunidades indígenas, lo que provocó dos grandes consecuencias.

En primer lugar, la construcción de un imaginario del indígena respecto del negro. Las más de las veces el negro fue visto con cierto temor y admiración por su condición física. Por ejemplo, en los Altos de Chiapas – región que pertenecía a la Audiencia de Guatemala-, en donde habitan las culturas tzelta, tzotzil, choles y tojolabales, tuvieron desde épocas muy tempranas acercamiento con los negros cimarrones.

Sin embargo, estos negros fugitivos se encontraban en una situación en la que era prioritaria la lucha por su supervivencia y la conservación de su libertad. En este sentido, su actuación agresiva ante cualquiera que fuese capaz de arrebatarle una vez más su independencia, aunado a sus condiciones físicas, hicieron que el indígena formara en “la imaginaria colectiva […] la creación de un raptor nocturno capaz de arrancar cabezas humanas para emplearlas como cimiento de construcciones de mampostería o piedra y ávido de mujeres para dedicarse con ellas, en conveniente cueva, oculta o distante, a la reproducción” . Estos elementos despertaron en el indígena admiración y temor, lo cual se reflejó en los diversos cuentos y leyendas de las comunidades indígenas, que hasta el día de hoy son reflejo de ese acercamiento.

En segundo lugar, y con repercusiones mucho más profundas y trascendentales para la sociedad, fue que este acercamiento devino “ desde alianzas de comunidades interdependientes hasta la integración dentro de una sola organización política” .

Dentro de los palenques, la mayor parte de la población fueron hombres, pero ante la escasez de las mujeres, los cimarrones optaron por el rapto de indígenas, aunque en algunos casos por voluntad propia aceptaron cohabitar con los fugitivos negros, pues no se debe suprimir la atracción entre ellos. De esta unión resultó parte del enriquecimiento del enorme abanico de las castas en la Nueva España , dado que la relación entre el negro y la india generó la aparición de los sambos.

Pero esto no fue lo único que surgió de esta alianza, sino también un elemento de resistencia a la esclavitud; una afrenta al sistema colonial. Lo s indios como súbditos y vasallos de la Corona española debían pagar tributo, los esclavos no debían hacerlo, por lo que los hijos de estas indias pasarían por negros evitando así el pago de tributo, por otro lado, la esclavitud por nacimiento estaba ligada a la línea materna, por lo que los esclavos, aún siendo cimarrones, procuraban unirse a las indias para que sus hijos fueran libres .

Un evento que ilustra la idea de resistencia y libertad a la que eran muy sensibles ambos grupos, fue lo ocurrido en 1730 en la población de León, Guanajuato y Silao. En esas ocasiones, según se documentó, algunas mulatas esclavas huyeron hasta las cañadas que se localizan en la cuenca del río Turbio para parir a sus hijos y después argumentar que éstos habían muerto. La finalidad de este acto consistía en que los indios que poblaban las rancherías de la región los acogieran como propios y los educaran como hijos adoptivos, por lo que automáticamente se convertían en súbditos libres de la corona .

Como puede observarse, las alianzas entre indios y negros trascendieron la idea de unirse en rebeliones en contra del sistema de explotación, pues alcanzó otros niveles de resistencia mucho más sofisticados, tales como las uniones matrimoniales o las adopciones de hijos de negros por parte de los indios, que permitían a los descendientes liberarse de la esclavitud, lo que no sólo devino en el mestizaje físico sino en algo aún más importante, en el mestizaje cultural.

La resistencia a un sistema cultural opresivo y no sólo limitado a la restricción física, también formó parte de las aspiraciones de libertad de indios y negros. La intervención de negros en las celebraciones y bailes de indios, así como la adopción, por parte de los indígenas, de ciertos rasgos culturales africanos referentes a la magia y a la medicina también formaron parte de la lucha.

Es necesario señalar que el extraordinario enriquecimiento a través del uso de la herbolaria, no sólo fue producto de la conjunción del saber indio y negro, sino que, como ocurrió en todos los aspectos del mestizaje que conforman al actual mexicano, la raíz española también formó parte de este proceso.

Se tiene conocimiento que la venta de plantas medicinales en los grandes mercados, en donde la población indígena era importante, redundaban en la posibilidad de intercambio y préstamos culturales con los negros. De hecho, estas reciprocidades pueden registrarse desde 1582, año en que se documentó por primera vez la delación en contra de un negro que participaba en ceremonias curativas mayas .

Entre las aportaciones de los negros a la medicina indígena se encuentra el uso de la ventriloquia y de las marionetas divinatorias en el diagnóstico y pronóstico de dolencias, además de otras prácticas que por su afinidad con las nativas y las españolas, son difíciles de diferenciar .

La identificación que ambos grupos tenían respecto a la magia y a la medicina, generó entre la élite gobernante temor, pues sintieron no sólo violentados los usos y costumbres impuestos por ellos, sino en especial su poderío frente a estos dos grupos sometidos. Es en ese contexto que los instrumentos institucionales, como el Santo Oficio, ejecutaron con gran decisión su aparato represor. Entre 1640 y 1713 la Inquisición levantó 113 juicios a negros y mulatos relacionados con las siguientes causas criminales: hechicería, sortilegio, participación en ceremonias indias con ingestión de alucinógenos, ventriloquia, etc., aunque en realidad, se puede suponer que todas estas prácticas más bien estaban relacionadas con actividades de carácter medicinal

 

Conclusión

Los datos que se presentaron a lo largo de este texto permiten afirmar que la convivencia entre indígenas y africanos, si bien generaron choques, también importantes intercambios culturales al punto de superar las disposiciones virreinales generando alianzas que sobrepasaron, incluso, la etapa colonial.

La lucha contra la opresión se reflejó no sólo en las revueltas y fugas, sino que la solidaridad trascendió a los ámbitos de la vida privada, estos lazos tuvieron su más clara expresión en las uniones maritales. La interrelación trastocó todos los demás ámbitos culturales como la medicina, creando y recreando todos los aspectos de la vida cotidiana primero, en la Nueva España y después en México.

De esta forma, resulta difícil comprender la situación actual de México sin hacer una previa revisión sobre la trascendencia que tuvieron las relaciones de los dos grupos demográficamente más importantes en la Nueva España : los indígenas y los africanos.

 

 

 

Bibliohemerografía

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Documentos

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Rolando Mellafe, Breve historia de la esclavitud en América Latina , México, SEP/Setentas, 1973, p. 116

Entre las etnias que arribaron a la Nueva España se encontraron los wolof, mandingas, biafras, lucumíes y de origen bantú, como los congos y angolas. Ver Luz María Martínez Montiel, Afroamérica I. La ruta del esclavo , México, Programa Universitario México Nación Multicultural – UNAM, 2006.

Javier Laviña y José Luis Ruiz – Peinado, Resistencias esclavas en las Américas , Doce Calles, Madrid, 2006, p.142

Dentro de esta investigación se comparte la idea de James Scott sobre el discurso oculto, quien lo define “como una conducta “fuera de escena”, que se genera más allá de la observación directa de los detentadores del poder. Siendo así, el discurso oculto está constituido por las manifestaciones lingüísticas, gestuales y prácticas que confirman, contradicen o tergiversan lo que aparece en el discurso [que establecen frente a los amos]. Existen tres características importantes del discurso oculto 1) El discurso oculto es específico de un espacio social determinado y de un conjunto particular de actores; es un público restringido que excluye a “otros públicos” específicos. 2) No contiene sólo manifestaciones lingüísticas sino también una extensa gama de prácticas, por ejemplo, el trabajo deliberadamente mal hecho. 3) La frontera entre el discurso público [lo que se dice y hace frente al amo] y el secreto, está marcada por una zona de incesante conflicto entre los poderosos y los dominados, por lo que de ninguna manera es un muro sólido”. James Scott, Los dominados y el arte de la resistencia , México, Ed. Era, 2000, pp.28-38

Para Yoro Fall, la palabra “oralitura” – orature en francés – es un neologismo africano que es calca de la palabra literatura. El objetivo de este neologismo es el de oponerse al de literatura, y al mismo tiempo tener los fundamentos y la forma específica de la comunicación. Las leyendas, los mitos, los cuentos, las epopeyas, los cantos son géneros diferentes y demuestran la increíble riqueza de la oralitura como estética. La oralitura , además, no es sólo una manera de ver el pasado, sino también un sistema de conocimiento y de transmisión del mismo. Véase Yoro Fall, “Historiografía, sociedades y conciencia histórica de África”, en Fabien Adonon, Hacia el universo negroafricano , UNAM – Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, México, 2003.

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Luisa Herrera Casasús, Piezas de Indias. La esclavitud negra en México, Instituto Veracruzano de Cultura, México, 1991, p. 84

Para conocer más sobre matrimonios en las comunidades de Jalapa y Córdoba: Adriana Naveda Chávez – Hita, “Algunas consideraciones sobre matrimonios esclavos”, Anuario VIII , Centro de Investigaciones Históricas – Instituto de Investigaciones Humanísticas – Universidad Veracruzana, Xalapa, 1992; Patrick J. Carroll, “Los mexicanos negros, el mestizo y los fundamentos olvidados de la “Raza Cósmica”: una perspectiva regional”, Historia Mexicana , El Colegio de México, Vol. XLIV, enero – marzo, 1995, número 3.

Jesús Mendoza Muñoz, Negros y mulatos en Cadereyta, Qro., Boletín 6 del Archivo General de la Nación , 6ª. Época, octubre – diciembre 2004, p.159

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Ibidem

Yolanda Juárez Hernández, Persistencias culturales afrocaribeñas en Veracruz , México, Gobierno del Estado de Veracruz, 2006, p.164